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sábado, 14 de marzo de 2015

Enfrentarse al Pecado



ENFRENTARSE AL PECADO: LA ESTRATEGIA DE DIOS


Éxodo 20: 1-17
Salmo 19: 7-14
Romanos 7: 13-25
EVANGELIO:  San Juan 2: 13-22


La Revelación de la Voluntad de Dios a través de los Diez Mandamientos entregados a Moisés, constituye el corazón de la Ley  y es en sí una buena noticia.

Los Mandamientos del Señor, como tantas veces se nos recuerda en los Salmos, y de modo evidente en el que hemos recitado (Salmo 19) iluminan nuestros pasos y son motivo de alegría interior cuando los reconocemos como tales e intentamos  cumplirlos.


Y aquí viene el reverso de la moneda. El Apóstol Pablo nos recuerda -con claras e incisivas palabras- que no está en nuestra mano el cumplirlos todos de una manera perfecta y -más aún- que en nuestro corazón y voluntad hay un enemigo escondido que nos induce a quebrantarlos (la "carne", en terminología paulina).

De ahí que la condición humana sea muy problemática, porque en cualquier área de la vida que queramos considerar, se halla sometida a dos fuerzas antagónicas que escinden nuestra voluntad y nos impiden  poseer la rectitud, la "santidad", exigida por Dios para poder estar en su presencia.

¿Cuál es entonces la diferencia entre el justificado o redimido y el perdido?

Pues que -en realidad- sólo el primero es verdaderamente consciente de esta contradicción, por cuanto es el único que  desea ser "perfecto" y someterse voluntariamente a la Ley de Dios.

Algunos autores han sostenido que, si se diera a un verdadero cristiano la posibilidad de renunciar a este mundo (y a los placeres perversos que implica el pecado) a cambio de estar inmediatamente con Cristo, no lo dudaría por un momento: elegiría estar ya con Cristo.
Por lo tanto, el cristiano cuando peca lo hace más por impotencia o debilidad que por verdadero deseo de pecar.

Por el contrario, el perdido sólo se refrena por las leyes y convenciones humanas. No peca más, no porque no lo desee, sino porque tiene miedo de las consecuencias. Si pudiera hacerlo sin castigo no dudaría en seguir indiscriminadamente todos sus deseos.

Por supuesto que no está dispuesto a renunciar a cosa alguna de este Mundo por estar con Cristo, porque -para empezar- ni le ama ni le conoce: para él o ella sólo es un personaje histórico más, cuando no una invención humana para fastidiarle "la fiesta".

Deberíamos ahora preguntarnos ¿qué es entonces lo que saca en claro el cristiano de su condición como redimido?

 Pues....algo muy importante: la limpieza y renovación de su conciencia por obra de la pura Gracia de Dios. Es decir: aunque el cristiano es muy consciente de ser un pecador incorregible, o difícilmente corregible, su acogimiento de la oferta de Salvación en Cristo Jesús le hace disfrutar de una buena conciencia para con Dios, día a día, minuto a minuto.

Bien es verdad que episodios como el de Jesús expulsando a los mercaderes del Templo, nos invitan a pensar que Dios no se conforma con una conversión "sólo de labios" y que la conversión del corazón (metafóricamente representada por la purificación del Templo) requiere de un constante acercamiento al Dios vivo que se opera por medio de la oración.

Sólo así podremos ir adquiriendo algo de esa "santidad" que se requiere para estar en la presencia de Dios.

Elaborado por José Luis Mira Conca




domingo, 2 de marzo de 2014

Miércoles de Ceniza: "Conviértete y cree en el Evangelio"

Celebramos el inicio de la Cuaresma, (40 días orientados hacia el arrepentimiento de nuestros pecados y nuestra conversión de vida).

Oficialmente, la Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y termina justo antes de la "Misa de la Cena del Señor" en la tarde del Jueves Santo. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al permanecer durante 40 días en el desierto, previos a su misión pública. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

Algunas ideas a tener en cuenta

El Cristianismo, pese a lo que podríamos creer, en base a una formación insuficiente o defectuosa, es una religión orientada hacia nuestra liberación y nuestra felicidad. Liberación de todo aquello que nos oprime y nos limita en un sentido profundo.

Dios nos libera (por medio de nuestra comunión con Cristo y de los unos con los otros) para que podamos realizar nuestra vocación más profunda.

Es cierto que el Cristianismo habla de pecado. Esta palabra además de designar aquellas cosas que ofenden a Dios y que enturbian la relación con nuestro prójimo, tiene también el sentido de "errar el blanco", de no alcanzar la meta.

Cada uno de nosotros tiene sus "pecados" característicos, es decir: aquellas actitudes o formas de reaccionar que no sólo ofenden a Dios y enturbian nuestra relación con el prójimo, sino que también nos impiden desarrollar al máximo nuestras capacidades y talentos.

La tradición cristiana ha establecido una lista de "pecados básicos" con la que nos podemos examinar y "medir". Es seguro que no fallamos en todo, pero también es seguro que fallamos especialmente en algunos de ellos.


NOMBRE DEL PECADO ¿EN QUÉ CONSISTE? ¿CÓMO PODEMOS COMBATIRLO?
SOBERBIA Nos creemos mejores que los demás y llegamos a despreciar a otras personas por su sexo, raza, condición social, etc. Teniendo una correcta autoestima: sabiendo reconocer nuestros puntos fuertes y débiles
ENVIDIA Nos creemos inferiores a los demás y deseamos lo que ellos tienen. Nos alegramos con sus fracasos o problemas. Valorando lo que tenemos y procurando imitar las cualidades que vemos en los demás.
AVARICIA Somos incapaces de compartir lo que tenemos con los demás (el dinero, el tiempo libre, nuestras capacidades). Siendo generosos con nuestro dinero y tiempo. Procurando ayudar a los demás.
IRA Tenemos actitudes violentas de intención, palabra y obra. Somos agresivos, vengativos y rencorosos. Desarrollando paciencia y mansedumbre. Perdonando las ofensas y pensando bien de los demás.
LUJURIA Vivimos para el sexo. Nos sentimos frustrados si no lo conseguimos aquí y ahora, con quien y como queramos. Controlando nuestra imaginación y nuestras conversaciones. Ajustando nuestra actividad sexual a lo que necesitamos.
GULA Vivimos para la comida, la bebida y el consumo de sustancias dopantes, con efectos nocivos para nuestra salud. Controlando el consumo de todas estas sustancias, incluyendo medicamentos, café, tabaco y dulces.
PEREZA Carecemos de horario. Nos acostamos, levantamos, etc. cuando nos apetece. No tenemos un programa de desarrollo personal. Ajustándonos a horarios definidos que nos permitan rendir más en nuestro trabajo. Organizando nuestras vidas. Teniendo hábitos de limpieza.


Seguro que en una escala 0-10 (0 no me afecta en absoluto; 10 me siento totalmente aludido) todos superamos en algunos pecados la barrera del 5.

Sería interesante que, en esta Cuaresma, hiciéramos el propósito de alcanzar algún cambio positivo (que debería tender a ser permanente) en nuestros defectos más significativos.

Y esto, como cristianos, sabemos que será imposible sin la Gracia de Dios.

Amén


Elaborado por José Luis Mira